JESÚS, UNA VÍCTIMA LLAMADA CATATUMBO-Primera Parte

MATEO 16,21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte." Jesús se volvió y dijo a Pedro: "Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios." Entonces dijo a sus discípulos: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.


¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?... esta pregunta constituye un fuerte cuestionamiento a la manera como se gestiona la vida política, social, económica y religiosa en nuestro país. El sufrimiento provocado por las grandes tiranías en regiones como el Catatumbo, la sangre derramada de tantos campesinos a quienes se les despojó de su tierra, a través de masacres e incursiones paramilitares, patrocinadas incluso por ganaderos, empresarios y terratenientes, que habrían colaborado con grupos paramilitares para adueñarse de la tierra, expone el fracaso de una sociedad cuando pone en primer lugar los intereses políticos y económicos de una élite. ¿De qué le sirve a un colectivo humano ganar tanta tierra, tanto dinero, si arruina la vida de la mayoría?


Por estos días, la realidad del despojo de tierras causada por las masacres paramilitares volvió a ser noticia por el posible regreso de Salvatore Mancuso a nuestro país. Mancuso aún tiene muchas verdades por decir, verdades que tienen que ver directamente con las víctimas, con la devolución de tierras y que se utilizan hoy en día en con fines agroindustriales. La pregunta del millón es: ¿quiénes propiciaron y patrocinaron el despojó de la tierra en el Catatumbo, y en otras zonas del país? Esa pregunta, cuya parte de la respuesta la tiene Mancuso, pone a temblar al imperio político y económico de nuestra nación. Este cuestionamiento, según el Evangelio que reflexionamos, denuncia que la élite no está dispuesta a perder un centímetro de lo que ha ganado a punta de violencia y muerte. Y que definitivamente un país más justo, digno y dichoso para todos es lo último que quieren las grandes potencias, porque eso implica perder, eso implica pensar como los hombres y no como Dios.


Foto: Caracol Radio Cúcuta


Tal vez la mayor tragedia perpetrada en estas tierras, es lo que quiero exponer a continuación. La respuesta de Jesús a Pedro es la misma que dio al diablo en el episodio de las tentaciones: «apártate de mi vista Satanás». Nunca se dirigió Jesús de manera tan fuerte, ni si quiera a los dirigentes de la religión judía. Eso indica que la visión de Pedro, que era parte del entorno más interno, era la gran tentación para Jesús. La gran tentación no viene de fuera, sino de dentro, y lo difícil no es vencerla sino desenmascararla. Lamentablemente, en nuestro territorio la gran tentación está dentro: muchos catatumberos terminaron por convencerse que es buscando el poder y el dinero, a costa de desplazar al otro de su tierra; arrasando la selva, y el ecosistema; y por la vía de lo ilegal por donde esta la salida para esta región, asunto que por lo demás, encierra un descarado egoísmo.


Aunque parezca utópico, según el Evangelio, la solución a toda esta situación de deshumanización está en seguir a Jesús, que no es otra cosa que identificarse con Él, en su entrega a los demás, sin buscar para sí la gloria o el poder. Negarse a sí mismo, es renunciar a toda ambición personal, o “empresarial”. Colombia necesita que todos, desde el más pequeño hasta el más grande aprendan a perder, porque el individualismo y el egoísmo quedan descartados cuando se emprende la tarea de seguir a Jesús.

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