• Fray Andrés Viaña, O.P.

DEL FESTÍN DE LA CORRUPCIÓN A LA FIESTA DE LA JUSTICIA SOCIAL

MATEO 22,1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren, convídenlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. [Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos."]


Pocas cosas favorecen tanto la relación y la fraternidad entre las personas como las comidas en común. En ellas, al compartir el pan, fruto del trabajo de cada uno, se comparte la vida. Por eso, de ordinario en los banquetes familiares hay un ambiente festivo, reina la alegría, la amistad, la comprensión y se olvidan las diferencias y tensiones de la convivencia. Todos contribuyen de alguna manera a crear una atmósfera que ayuda a superar la soledad y que hace comprender que la felicidad está en abrirse a los demás, compartir con ellos, dialogar y celebrar juntos nuestros vínculos familiares o sociales. Las comidas entre amigos son siempre gratas y felices.


AFP


En este evangelio, Jesús comparó el reino de Dios que él vino a traernos, con un banquete, con una comida. Y lo hizo precisamente porque en ellos se vive y se experimenta la fraternidad y se tiene una anticipación de la vida en la casa del Padre. Todos estamos llamados a vivir esta experiencia de fraternidad y solidaridad. Con frecuencia nos pasa que el encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros asuntos y negocios nos impide abrirnos a los demás. Eso da lugar a la exclusión, a la marginación y al rechazo. La invitación al banquete no es otra cosa sino la invitación a salir de nuestros intereses para acoger a los demás, para hacernos hermanos y solidarios. La invitación que Jesús hace a todos los dispersos por los caminos, los pobres y marginados, nos indica que la condición para participar en el banquete del Reino es la de sentir necesidad de los otros y estar dispuestos a compartir con ellos.


Por ello, la condición para participar en el banquete es la conversión. De modo que es excluido el invitado que llega sin este vestido de fiesta y hoy en Colombia, el invitado que llega sin el vestido de fiesta no es el virus, sino la corrupción. Los colombianos somos más “tolerantes” con la corrupción que otros países, nos indignamos porque en las farmacias y en los pueblos no se encuentran ni para unos primeros auxilios, pero luego se elije “democráticamente” a las personas que son corruptas. Necesitamos convertirnos si queremos de verdad participar en ese banquete de comunión. Pasar de la desconfianza y el temor a Dios, que nos invita, a la confianza plena en él, que nos ama y que nos convida gratuitamente a la alegría de su Reino, pasar de la división y el egoísmo, a la comunión, al perdón, a la solidaridad; superar el apego a los bienes y pasar de un uso exclusivo para nosotros, para superar la injusticia que se volvió el primer cómplice de la corrupción. El compartir en la justicia y en la paz son las dos formas de acabar con la corrupción y las formas de sacar al invitado que llega sin el vestido de fiesta: denunciar y no votar por los “corruptos”.

NOSOTROS

“Somos predicadores. Existimos para predicar. Somos para la evangelización. En estas expresiones está encerrada la razón y la naturaleza de nuestro ser, como casa de predicación, Proyecto Dos”.

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