CONVERSAR Y COMPARTIR EN TIEMPOS DEL COVID

Actualizado: jun 2

Lucas 24,13-35.

Los acontecimientos actuales, turbulentos y arbitrarios, encuentran una respuesta clara en la trama del evangelio. Por un lado, la crucifixión de Jesús cerraba a su paso la posibilidad de continuar acompañando la comunidad, por otro, la amenaza de muerte se cernía sobre sus seguidores y ponía en peligro la continuación de su Buena Nueva. El evangelista Lucas y su comunidad plantean de fondo dos aspectos que permiten descubrir herramientas para responder con sabiduría a la problemática humana que ha traído consigo el virus que encerró al mundo.


En el primer aspecto es evidente que el camino de Emaús representa no solo una charla casual sino un aspecto cotidiano: “conversar y discutir”, o al menos ese era el ejercicio desarrollado por los discípulos de Emaús mientras caminaban. Estas actividades brotan de una realidad de fondo, presente en la narración: la comunidad. Al evangelista Lucas le preocupa que en la formación de la comunidad haya diálogo, confrontación, sabiduría, en definitiva un compartir, fruto del mutuo conocimiento, que supera las diferencias y admite la diversidad, todo esto en una charla de camino, eso quiere decir, en lo sencillo y cotidiano de la vida; así mismo, la compañía de Jesús no tiene como objetivo recalcar que resucitó, su objetivo es animar a sus discípulos, les mueve a dejarse sorprender por la vida, a sustraer del sufrimiento una enseñanza, a continuar a pesar de las problemáticas del momento. Esto se evidencia en el recorrido que el mismo Jesús hace desde las Escrituras y que concluye con el aquí y ahora del texto.


En el segundo aspecto descubrimos el gran método de fraternidad: el compartir. Es claro que una de las evidencias de la resurrección es la conformación de la comunidad de seguidores, y una de las maneras de dicha conformación es la cooperación que se basa en la equidad, de ahí la escena de la comida compartida. Lucas nos indica que para hacer comunidad, para construir sociedad, para afrontar acontecimientos históricos difíciles, como el actual, sencillamente se debe compartir, desde la equidad, mas no desde la miseria y las sobras. De modo que sugiere que al prójimo y sus necesidades se le descubre cuando se le ayuda, se le promueve, se le reconoce, cuando se fracciona el pan en su compañía.

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